
Sevilla
Sevilla, una ciudad que desprende arte y cultura por todos y cada uno de sus rincones. Ciudad que acuno el Siglo de Oro español y con él a numeroso literatos que no vivieron indiferentes a esta localidad
Por sus calles han vivido, han paseado, han respirado, se han enamorado para terminar inspirándose escritores de la talla de Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Bécquer o Cernuda, entre otros muchos que también, en algún momento, necesitaron del olor característico de esta ciudad para continuar su periplo.
Tanta historia desconocida tan sólo al alcance de los más minuciosos aficionados e impasible a muchos sevillanos, quienes desconocen que Sevilla no es una ciudad cualquiera.

Azulejo en la calle Sierpes
Quien escribiera el Quijote y fuera apodado el Manco de Lepanto, Miguel de Cervantes, fue vecino de la Plaza del Salvador, centro neurálgico del comercio en la época. Cervantes ha paseado a cada uno de sus personajes por alguna calle Sevillana, con Rinconete y
Cortadillo nos podemos encontrar en la Alfalfa o en la Plaza del Salvador, Don Quijote anduvo por la calle comercial Sierpes, el chucho Berganza paseo por la calle Laraña y así hasta un sinfín de personajes Cervantinos que vivieron aventuras y desventuras entre las arterias del casco histórico hispalense.
Felix Lope de Vega y Carpio decidió que fuera Sevilla la ciudad apremiada con todos sus elogios. Madrileño de cuna vivió en Sevilla cuatro años donde no reparo en obras y piropos hacía cada rincón hispalense.
“Que habréis oído en Castilla/ porque tanta perfección/ es monstruo y admiración / y grandeza de Sevilla / Cuando tratan de su río, / de su Alcazar eminente / de sus calles, de su puente/ de sus armas, de su brío.”
(La Niña de la Plata)
Especial mención en Lope de Vega merecen el barrio de Triana y el río Guadalquivir, ambos emblemas sevillanos por dónde pasea a los personajes de algunas de sus obras: La esclava de su galán, La Vitoria de la honra, El desprecio agradecido,
Aquí he vivido con tan gran recato/ que se puede escribir por maravilla; / pues que de Triana, verdad trato, / pasé dos veces solas a Sevilla
(La esclava de su Galán)
Muchos ubican al eterno romántico Bécquer en Madrid. Si bien es cierto que con veintidós años fue allí donde se fue en busca de gloria, justo es decir que Bécquer hasta entonces residió en Sevilla, siendo bautizado en la insigne Iglesia de San Lorenzo Mártir.

Estatua de Bécquer en el parque de Mª Luisa
Al igual que Cervantes, Bécquer correteo por entre las arterias más profundas del casco histórico. Huérfano de padre y madre, fue acogido por una señora en la Alameda de Hércules siendo niño, a la temprana edad de once años, de quién descubrió la pasión por los libros. No son muchas las obras ni poemas becquerianas que citan a Sevilla, La venta de los gatos o Maese Pérez el organista son de las pocas obras donde la reseña a las calles sevillanas se hace continuamente presentes. Maldito en amores, el primero le llega a los 16 años, desconoce su nombre y sólo se refiere a ella en sus poemas como la joven de la calle Santa Clara. Gustavo Adolfo nunca terminó de ubicarse en esta ciudad, sin embargo sentía admiración por un rincón sevillano, la orilla del río Guadalquivir, donde según él, es el lugar preferido para escapar.
“ La orilla del río ha sido siempre en Sevilla el lugar predilecto de mis excursiones”
La admiración ha Sevilla le llego una vez hubo abandonado la urbe. En 1861 escribió en una reseña de La Soledad a la ciudad que le vio crecer:
“Sevilla, con todas las tradiciones que veinte centurias han amontonado sobre su frente, con toda la pompa y la gala de su naturaleza meridional, con toda la poesía que la imaginación presta a un recuerdo querido, apareció como por encanto a mis ojos, y penetré en su recinto, y crucé sus calles y respiré su atmósfera, y oí los cantos que entonan a media voz las muchachas que cosen detrás de las celosías, medio ocultas entre las hojas de las campanillas azules; y aspiré con voluptuosidad la fragancia de las madreselvas, que corren por un hilo de balcón a balcón, formando toldos de flores; y torné, en fin, con mi espíritu a vivir en la ciudad donde he nacido, y de la que tan viva guardaré siempre la memoria.”
Sevilla, ciudad de linaje artístico, aguarda secretos entre sus calles y tabernas que de conocerse a tiempo bien podrían despertar el ánimo de muchos curioso. Un ejemplo es la Taberna de las Escobas, en la calle Álvarez Quintero, fundada en 1386, lugar de reunión entre los artístas de la época. Entre su clientela destacan literatos como el siempre poeta maldito Lord Byron, Dumas , Cervantes, quien usaba como boceto las mesas para escribir sus renglones antes de pasarlos a papel, o Velázquez, de quien, para finalizar, cabe destacar una anécdota curiosa a los oídos: mientras comía pinto una moneda en la mesa con la cual terminó pagando.
Abran los oídos, atiendan con los ojos, cada rincón de Sevilla esconde una historia que de no apreciarse detenidamente termina siendo un hueco aún por rellenar.